martes, 10 de junio de 2008

USURPAR LA INJUSTICIA

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Hace algún tiempo entró en mi despacho un personaje bien vestido y relativamente preocupado por sus negocios inmobiliarios, solicitaba mi atención para la mejora de su opción constructiva en un solar de su propiedad. Hasta aquí usual. En un momento determinado de la conversación verbalizó, porqué solicitaba ese especial interés, se sentía profundamente dolido por la injusticia con que era tratado. Su hijo estudiaba en EEUU y el coste de su mantenimineto era excesivo, pues entendía que con menos no se podía vivir, su mujer mÁs de lo mismo..., pero lo más cruel, a su entender, es que ya no podía sacar su yate a navegar porque la gasolina estaba muy cara.... "dolor de injusticia".

Cada vez, es más normal escuchar este discurso, con diversas variaciones, a poderosos y hombres de economías ciertamente buenas, que se sienten injustamente tratados. Vienen a decirnos que la injusticia es una variable subjetiva, "yo me percibo injustamente tratado" por otro del mismo nivel o de nivel superior. Llegar a pensar que la injusticia es un valor subjetivo, de percepción, es cuando menos un error, cuando más una aberración. Percibirse injustamente tratado es querer ocupar el papel de víctima para conseguir obtener determinados beneficios personales.

La injusticia no es una percepción, ni un valor subjetivo, al contrario, es un valor objetivo y cuantificable. ¿Que le queda al desheredado si también le quitamos el papel de víctima "real" y el dolor de la injusticia?. Es un poco obsceno ver cuantos usurpan el papel de víctima hoy día por cualquier cosa: porque no puedo sacar mi yate, porque este año no puedo ir de vacaciones a Jamaica, porque no cuentan conmigo para ser director de Banco o Consejero de Turismo o Delegado de no se qué o no estar en la lista de candidatos a cualquier cosa.

El Capital tiende a usurparlo todo: la moda, la música, los habitos, el lenguaje, los derechos y las victimas...aunque solo sean como percepción, la realidad que se la queden ellos.

domingo, 8 de junio de 2008

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Cuando seamos capaces de dejar que la conciencia política opere en nuestro día a día solo en el nivel que le corresponde, que no es todo.

Cuando nos revelemos de que la conciencia política es transversal y no imperialista, es flexible, no tiene que acompañarnos en todo momento y sin embargo está, pero no tiene porque generarnos ansiedad, ni mal rollo, ni inconsciencia, descubriremos lo maravilloso que es poder decir "soy consciente en términos políticos".
Este es un buen punto de partida para volver. Poder afirmar, "yo soy consciente políticamente" sin titubear un segundo, sin producir un estado de ansiedad, ni de agobio, ni de autolimitación, sino de una gran liberación. La "conciencia política" produce libertad, no represión, ni mezquindad.
Y aunque esto parezca un descubrimiento minúsculo, es una buena forma de volver a la realidad del presente.